(Nota para los oyentes: es una historia real que sucedió hace unos días.)
Preso y medio hundido en los límites de mi imaginación, me detuve y conmigo el tiempo a reparar mi viejo y pesado carruaje de malas decisiones. Nadie pudo prever que ese día en concreto sucediera la más hermosa de las casualidades. Me atreví a traspasar aquella cortina y la vi, tumbada en una camilla, descansando unos pocos minutos de su duro y bello trabajo, estaba leyendo aquel antiguo y pesado libro de biblioteca, en ese instante solo pude exclamar una frase en mi mente… «¡qué bonita la vida!» Me senté a su lado, mis dedos tocaron los suyos, me enseñó su lista de deseos por leer y me mandó su canción preferida. Suena como su mundo versionado con el mío. Besé su alma, nos abrazamos, bailamos bajo la luna y bajo el sol de la mañana, escribí a besos sobre su piel nuestras frases sin sentido, ella borraba renglones torcidos e inacabados sobre mis miedos cogiéndome de la mano para escribir… la primera página de nuestra historia.