¿Qué le ocurre? ¿Por qué se pasa toda su existencia observando al exterior? Se le va a quedar el ojo encajado en ese pequeño orificio por el que observa y la retina seca de tanto escudriñar lo que acontece fuera. ¿Y qué hay de sí misma? ¿De lo que ocurre en su interior? ¡Qué poca atención se presta!

Si me escuchase, y pudiera entenderme, le diría que no mirase tanto. Del mundo del que proviene, seguramente ya se  ha cansado. Dicen que es un planeta muy lejano, alienígena y con monstruosas criaturas. Y yo contemplo esa pupila azul, que tampoco es tan distinta a la mía, y me pregunto cuál será esa diferencia tan grande que nos separa.

Rebusco en mis anotaciones, en mis recuerdos que he tenido con este ser, siempre en la distancia, y no entiendo por qué somos nosotros quienes le producimos esa curiosidad. ¿Acaso no son ellos las criaturas más originales, diferentes y extraordinarias que nunca hayamos visto? Y sin embargo, a ella le atraen las personas. Qué hacemos, cómo nos comportamos, qué sentimos… ¡Qué tontería! ¡Los humanos somos los seres más anodinos, mediocres e insulsos que conozco! Bah, la humanidad, ¡a ver si se extingue de una vez…!

Hoy lleva demasiado tiempo pegada ahí. Joder, ya está bien. ¿No tiene una vida? Que deje ya de examinarnos y deje el agujero libre ¡que ahora me toca a mí!

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