Querido Jimmy, ayer vi a tu madre en la cola del supermercado. Se me encogió el estómago y quise esconderme, pero ella me vio antes y no pude escapar. No me gusta tener que improvisar si me la encuentro de repente, hecha polvo, y empieza a lloriquear y a preguntarme por ti y tengo que inventarme lo que sea para que se calme.
Como pude la convencí de que no ha habido más noticias después de la última carta. Aunque todavía se traga los cuentos que le largo, cada vez entiende menos por qué si te va tan bien todavía no has venido a visitarla, y por qué no le pones conferencias de larga distancia. A veces no me creo que se crea lo de tu trabajo y lo ocupado que estás, pero pienso que las cartas que me invento es lo único a lo que puede agarrarse y que si deja de recibirlas se morirá.
Me rompe el corazón, Jimmy, ver sufrir a tu madre. Pero sobre todo me rompe el corazón pensar lo que estarás pasando tú, encerrado ahí abajo en el peor agujero de todo el Estado de Florida. Te juro que todos los días sueño contigo, te veo encadenado a los otros, trabajando en las malditas vías o cortando árboles, y otras miserias horribles que estarán haciéndote pasar y tú sin poder defenderte. Tienes que aguantar, Jimmy. Yo cuido de tu madre hasta que vuelvas, pero tú aguanta y vuelve, amigo.
Cómo me gustaría que pudieras recibir esta carta, y otras con mentiras que te contaría para que te sintieras mejor. Tenía que escribirla, aunque ahora tenga que quemarla. Si no, acabaré por volverme loco, Jimmy. La vida es bien jodida, hermano. No hay justicia, pero vamos a aguantar, amigo, vamos a aguantar.
Te quiero mucho, Jimmy, hermano