Soy un homosexual convencido de su sexualidad, en realidad cumplo con todos los tópicos, soy una gran puta, me encanta el sexo y no tengo problemas con la fidelidad, yo no la practico; practico sexo siempre que veo una oportunidad. He tenido un número considerable de parejas y no le he hecho ascos a una mujer calentorra, otra cosa es que la hiciera gozar.
Mi padre, con horno de panadería para sacarnos adelante, nos levantaba a las 5 de la mañana para ayudarle, hasta las 9 para ir al colegio. Yo tenía ocho años cuando mi hermano adolescente me empezó a violar, entre dolor, excitación y juego; entre lo prohibido y el secreto siguió violándome en el horno de panadero antes de ir al colegio.
Ya de mayor, supe de lo inapropiado de la conducta de mi hermano mayor y sentí rabia por haberme robado la niñez. Pero me pregunto si mi condición homosexual no existiría si mi hermano no me hubiera enseñado a gozar por el ano y la atracción que hoy siento por una buena polla.
Me robaron la ingenuidad, el periodo de latencia de la sexualidad, si esa que existe y aún no se manifiesta. Asumí roles impropios a los ocho años. Yo que solo deseaba jugar y me encontré con un mundo prohibido y con el deber del secreto.
De hecho soy catalán, y mi padre dejó el horno de panadería a mi hermano mayor, al primogénito. A los demás nos favoreció en la herencia mi madre.
No tendría hijos aunque pudiera, la infancia de otros me aterroriza; ¿cuándo romper su ingenuidad? Me digo, los niños me cansan.
Es lo que tiene haber tenido una mala infancia. O en mi caso lo mejor es decir que carecí de ella.