Llegaron juntos.  Y juntos se abandonaron. En el camino habían crecido en la mutua destrucción. El resultado,  «desconexión total».

Ella había seguido la ruta,  hacia la supervivencia, en el olvido desde la seducción.

Él quedó en equilibrio,  a la espera.  En ninguna parte,  en el centro de sí mismo,  con un mundo entero en su  entorno. A su alrededor silencio y calor.  El deseo,  viento caliente,  en y sobre todo su cuerpo.

Yendo,  huyendo,  viniendo hasta aquí.

Y allí estaba yo,  testigo sobrevenido,  para confirmar el desapego y la espera.  La desesperanza y el adiós.

En el camino,  yo vengo,  llego,  paro,  contacto. Calor en las miradas.  Y de cerca, invisibles.

En silencio,  la distancia sin fin.  El tiempo, por delante,  se nos acaba.

Me voy.

Él,  perdido,  monologa. Su vida, parada,  le envuelve.

En movimiento, desde dentro,  el viento le empuja al futuro,  a la acción,  al reencuentro con los demás.  Con ella no.  Nunca más.

Un lugar,  tres momentos.

Tres historias, un desencuentro.

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