Giselle fue mi novia el verano del 2004.
Una rubia con bonitas piernas.
A Giselle no le gustaba mi moto.
Prefería caminar, decía en su torpe español: Yo paquete ¡Nunca!
Me impresionaba lo dulce y cariñosa que podía llegar a ser.
Creía que las alemanas eran cardos borriqueros.
Hasta que conocí a Giselle.
Giselle era joven, muy joven para mí decía, pero noche tras noche
reaparecía en mi puerta.
Hasta aquel día: el cumpleaños de Juan.
Juan era hijo de mi amiga Milagros.
Giselle y Milagros se conocieron una tarde al salir del cine.
Juan cumplía años en agosto, y quedaron para la fiesta.
Milagros le dio dinero para que llevara juguetes, baratitos dijo.
Giselle compró pistolas y ametralladoras de plástico.
Allí iba Giselle corriendo, aquel ferragosto en Madrid.
Milagros preguntó: Esperamos a Luis?
Luis?, que Luis?
Luis Caño tu novio.
Mi novio se llama Antonio Bienvenida.
Pero si ese es un torero, rubita, menuda jeta tiene Luisito!
Era una manía que tenía cuando conocía a una chica, y así se quedó.
Ese fue el último día que vi a Giselle.
No hay 15 de agosto que no me acuerde de ella,
y de lo imbécil que fuí.