La guerra. La guerra nunca cambia. Desde el amanecer de la piscina, cuando nuestros ancestros descubrieron por primera vez el maravilloso poder de la pistola de chorros, el agua se ha derramado en nombre de todo: desde Dios hasta la justicia pasando por la simple, psicótica rabia.

 

En el año 2015, tras milenios de conflicto acuático armado, la naturaleza empapada del Hombre no podía sostenerse más tiempo. El mundo se había zambullido en un abismo de un mojado ambiente húmedo. Pero no era, como algunos habían predicho, el fin del mundo. En cambio, el apocalipsis era simplemente el prólogo a otro capítulo húmedo de la historia de la humanidad. Porque el hombre había triunfado en remojar el mundo; pero la guerra, la guerra nunca cambia.

 

En los primeros días, millares se habían sobrepuesto a los horrores del aguacausto resguardándose en enormes refugios bajo tierra, conocidos como piscinas. Pero cuando emergieron, sólo encontraron el infierno de las aguas para saludarles; todos menos aquellos en la piscina 101. Porque en aquél fatídico día, cuando el agua llovió del cielo, la gigantesca puerta de la piscina 101 se deslizó hasta cerrarse… y jamás volvió a abrirse. Es aquí donde tú naciste. Y es aquí donde morirás. Porque, en la piscina 101: nunca nadie entra, y nunca nadie sale.

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