La chica trata de escapar de su perseguidor. Debe de tomar decisiones precisas, con las que salvar su vida. Pero elige la peor de las opciones. Intenta escapar, encaramándose por las escaleras de un edificio en construcción. En una frenética carrera, llega a la planta superior. La oscura noche dificulta la visión de la chica. Aunque las luces del resto de edificios, consiguen iluminar lo suficiente, para que la mujer frene su marcha. A pesar de ello, no puede evitar caer al vacío. En el último instante, consigue agarrarse al piso con ambas manos. El hombre, que hace tiempo ha dejado de correr, avanza con pasos lentos pero firmes. Al llegar al borde del edificio se para ante ella. Mientras, escucha las frases de la joven implorando piedad. Pero el dictamen no es favorable para la chica. El hombre coloca su zapato izquierdo, por encima de los dedos de la pobre infeliz.

–Y ahí, justamente ahí, congelamos la imagen, e introducimos un texto que diga: ZAPATOS CALLAGHAM, ZAPATOS PARA TOMAR DECISIONES IMPORTANTES. ¿Qué os parece? –preguntó el publicista, al resto de compañeros que rodeaban la mesa ovalada del despacho. Todos se quedaron con la boca abierta y la mirada fija sobre él, que risueño, basculaba su sillón giratorio de izquierda a derecha. Al cabo de unos segundos, el director ejecutivo respondió.

–Bermúdez, otra ocurrencia de mierda más y quedas despedido. El resto de publicistas volvieron sus cabezas hacia los folios, dispersos sobre la mesa, mientras de forma dificultosa, trataban de ocultar su regocijo.

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