El director de la película cogió a cada uno de un hombro, iba a explicarles la última escena. “Repasemos. Los dos estáis en el helicóptero, Gloria, tú resbalas, caes por la trampilla, y tú, Pablo, intentas salvarla con todas tus fuerzas, estiras la mano, pero justo cuando Gloria esté a punto de dártela, la sueltas, y tú, Gloria, caes a los tiburones, ¿todo ok?

 

 

Los actores, obedientes, se situaron en la escena del rodaje donde no había helicópteros, ni tiburones. Sólo una escalera de cuatro metros, a la que Gloria permanecía agarrada, y una inmensa tela verde donde, según el director, se proyectarían imágenes de archivo de las playas de Hawaii. Todo se haría en postproducción.

 

 

“¿Y si te salvo y cambiamos el final?”, dijo Pablo desde arriba.

 

“No seas bobo”, respondió Gloria, ensayando una mueca de vértigo antes de que se oyera: “Dentellada mortal, secuencia final, toma uno”.

 

 

El día del estreno, los actores preguntaron al director si el resultado había salido según lo previsto. Y éste, haciendo el papel de padre perdedor, lo negó. “Chicos, nos quedamos sin presupuesto para las imágenes virtuales, y, donde en principio iba una banda de narcotraficantes que la liaban parda en helicópteros, con océanos y tiburones, ahora veréis una trama de políticos corruptos, rascacielos y un cuerpo de bomberos con una colchoneta gigante abajo que consigue salvar a la chica y quién sabe si algo más. Eso sí, nos sigue valiendo el mismo título, Dentellada mortal”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *