Mi trabajo consiste en llevarme a la gente, y en la mayoría de los casos contra su voluntad. Aunque por fortuna, en ocasiones el individuo anhela huir de este mundo facilitando de este modo mi tarea.

A Marta la conocí hace dos meses. Depresiva, neurótica, humillada por la vida, se dio un tajo en las venas y acudí, pero en el último instante recapacitó y llamó a emergencias. La siguiente semana probó con tres botes de pastillas, la misma historia, rectificó. La tercera intentona con los humos de un coche, y en la cuarta, con el gas, obteniendo, en ambas, semejante resultado. Ahora está en la azotea, ha saltado al vacío e intenta retroceder. Pero no, ya ha colmado mi paciencia, cuatro viajes en balde, yo tengo una responsabilidad. Lo siento, pero no, no supliques a la muerte, vacilaste, así que prepárate para caer.

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