-¿Niño estás bien?
-¿Perdone?
-Sí, que si estás bien. Llevas media hora mirando ese cuadro y ahora te has quedado ahí con la cabeza “gacha”.
-Ah, no, no. Estoy bien. Estaba pensando. Me gusta mucho esta obra. ¿Sabe?
-¿Ah sí? Pues no sé chico. Yo no veo nada. ¿Tu ves algo?
-Bueno más que ver siento, me dice algo. No sé señora. Usa un lenguaje visual de forma y color para crear una composición que puede existir con independencia de referencias visuales del …
-¿Puedes levantar los pies?
-¿Cómo?
-¿Qué si puedes levantar los pies para que pase la mopa?
-Ah, sí, sí, claro.
-¡Ya está! Jaja te encantarían los dibujos de mi hijo el pequeño. A mi también me gustan mucho los cuadros. ¿Sabes? En la tercera planta hay uno de unos ciervos junto a un lago que me encanta. ¡Parecen que están vivos! Bueno, sigo que me quedan dos plantas.
Él permaneció en el banco pensativo:
-¡Qué viaje! Ha merecido la pena. Meses consultando el catálogo histórico, decidiendo la exposición, la ciudad, un año y medio ahorrando para el viaje espaciotemporal. Y por fin disfrutar de esta genialidad en vivo. Las pinceladas, las texturas. Nada que ver con las representaciones estereoscopicas de la biblioteca virtual. Y además esta maravilla de documento historicoetnográfico. Mis compañeros de la biofactoria no se lo van a creer cuando vean la retinograbación.
Decididamente ha merecido la pena.