¡La madre que me pario! Esto no puede ser verdad, no me puede estar pasando. Y yo que me las prometía tan felices. ¿Por qué, por qué y por qué?
Sea como fuere, no puedo ir, no en este estado.
Dos largos años de sequía dan para muchos malos pensamientos ¡me cago en “to” lo que se menea! Y hoy, justo hoy que se acababa la sequía, que ella, una mujer, había aceptado una cita conmigo…, no me queda más remedio que hacer de pensador de Rodín.
Lo tenía todo pensado y preparado: película para caldear el ambiente “cincuenta sombras de Grey”, cena romántica en “La Bodega de los Secretos”, y por último un bailecito “amarrado”, todo pagado y reservado. Sin embargo, no puedo ir a la cita, ¡maldito apretón!
Como me voy a presentar delante de ella, de una mujer, y minuto si, minuto también desaparecer en el aseo.
¡Maldita sea mi estampa!, mucho me temo que la sequía seguirá, a no ser que mi maltrecha mente sea capaz de inventarse una disculpa maravillosa y creíble.