¿Cómo había llegado a esa situación?, se pregunta insistentemente. Estaba agotado, sabía que en breves minutos llegaría un tren. Esa era la mecánica que había descubierto en los días que llevaba perdido. Cada vez que pensaba en lo que haría una vez que estuviese fuera, pasaba un tren que le llevaba a otra estación sin salida. Había buscado por todos los espacios por donde poder salir, pero como en un circuito, terminaba en otra estación. Allí de nuevo, un pensamiento surgía, y un tren llegaba, se paraba y abría sus puertas como si de un recepcionista se tratase. Podía subir o no, pero cada vez que lo había hecho el destino había sido el mismo, otra estación sin salida.
¡Cuánto tiempo llevaba en ese entramado de vías, de espacios en blanco y negro, de luces a medio iluminar , respirando el aire denso que desprendían los trenes, habitando en un lugar cerrado, sin vida!
Desesperado se inclinó, apoyo los codos en sus rodillas, se cubrió el rostro con las manos. No sabía qué hacer, sentía que sus fuerza flaqueaban, pero lo que más temía era perder la cordura. Fue entonces cuando sintió una leve brisa a sus espaldas. Se levantó, giró la cabeza y vio como una nube se deshacía. En ese momento ante sus ojos, surgieron dos salidas con luz, color, vida. ¡Por fin!, tenía que elegir de nuevo, pero esta vez, el camino era distinto.