-ponte el abrigo y vámonos, corre, no hay tiempo

-otra vez no papa, pensé que ya todo había terminado

-Mirian no hay tiempo que perder, nos han vuelto a encontrar, vámonos

-deja al menos que me vista, estoy en pijama

-no hija de verdad, no hay tiempo

– ¿al menos puedo llevarme algo?

(se escuchan pasos)

-ya están aquí corre.

Y así, a plena luz del día (aunque de un día frio y lluvioso) en pijama y zapatillas, Mirian tuvo que subir al coche, con su padre, una vez más, y dejarlo todo atrás como tantas veces desde hacía 10 años.

Ya en el coche y metidos en el tráfico de la ciudad, Julian mira por el retrovisor y se da cuenta que esta vez no disponen de tiempo, los llevan pegados a los talones y van armados. Mira a su hija y le dice:

-cariño, lo siento, esta vez tendrás que poner en práctica lo que llevo enseñándote durante años, no nos queda otra alternativa.

-confía en mi papa, solo dime que tengo que hacer

-monta el arma que hay en la guantera, coge el pasamontañas y cúbrete al cara, para que nadie pueda identificarte. En la próxima esquina, haré una maniobra y entonces haz lo que tantas veces hemos practicado…”TU PUEDES CARINO”

 

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