Estamos mi novio y yo, en el banquillo de la Sala II de lo Penal de la Audiencia Nacional, nos lanzamos miradas desafiantes, que tropiezan, con las de nuestros abogados, que nos las devuelven con un semblante serio y preocupante.

 

Todo empezó, cuando a Mario le echaron del trabajo, después de casi veinte años, una palmadita en la espalda y un fuerte apretón de manos. Entonces, en un momento de venganza e ira descontrolado, se le ocurrió la idea de secuestrar a su jefe.

 

Para ello, trazó un meticuloso plan a lo Bonnie & Clyde. Nos ocupamos de los movimientos de la víctima, para no cometer errores de principiantes: pasamontañas, cintas elásticas, y un simulado rifle kalassnikov. Con la impresión del asalto, éste no dudaría en admitirle, como pago del rescate.

 

Aparcamos a la entrada de IMPAGADOS ANÓNIMOS, SA. Mario se dirigió con paso firme, desapareciendo durante unos minutos que se hicieron eternos, al mismo tiempo, un sujeto se introducía en el vehículo y gritaba: ARRANCA!!!, entonces por el rabillo del ojo pude comprobar con estupor al Sr. Minguez. Descentrada, no pude hacer otra cosa que estrellarme contra una farola. Lo último que recuerdo es que me estaban poniendo una multa de tráfico……

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