– ¿Me puede quitar ya las esposas?
– No.
– ¿Por qué? Ya no tengo el arma, no le puedo hacer daño.
– Son las normas.
– ¿Y cuándo me van a soltar? Tengo un montón de cosas que hacer.
– Ya le he dicho que en cuanto nos explique que hacía dentro de un taxi con una kalasnikov.
– ¿Pero cuántas veces se lo tengo que repetir?¿Por qué no me cree?
– Sea sincera y terminaremos antes.
– Le he contado la verdad, mi marido se lo puede confirmar.
– Su marido no ha dicho ni una sola palabra.
– ¿No se lo ha explicado? Menudo desgraciado, siempre haciéndome la puñeta. Un mierda, eso es lo que es, cómo me pude enamorar de él. El más tonto del pueblo, un vago y un estúpido que siempre está callado y luego hace lo que le da la gana. Si fuera un poco más hombre no habríamos llegado a este punto, todo lo hace obligado, por eso me compré el arma en Ebay.
– ¿Se compró el arma para intimidar a su marido?
– Sí, ¿qué problema hay? Estoy en mi derecho, soy ciudadana de EEUU y el muy imbécil se negaba a venir al cumpleaños de mi madre.