Quedaban apenas dos semanas para las vacaciones y mi prestigio en el barrio no podía permitirse seguir con esa antigualla. Tocaba cambiar de bicicleta. Desiré no era una chica fácil de impresionar, tenía fama de exigente y podría rechazarme si montaba en ese bodrio de dos ruedas. Ante tal problema solo existía una posible solución: Aprobar. – Jian, si no suspendes ciencias te regalaré una bicicleta – dijo mi madre en un acto de motivación. Pero, ¿quién me iba a decir que aún esforzándome al máximo suspendería? ¿Cómo tuve la mala suerte de que la actividad tratase sobre la reproducción humana? ¿Cómo no fiarme de los trabajos que mi padre guardaba en su portátil sobre este tema? ¿En qué momento expuse en clase la parte práctica? Y peor aún, ¿por qué para ayudarme escogí a mi hermana?

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