Le apasionaba poder encontrar las claves de sus mentes mientras les observaba y estudiaba detenidamente desde esa distancia que le mantenía seguro.
Se proclamaban inocentes, ellos solo se divertían haciendo burbujas, estaban convencidos que el problema vino cuando los que jugaban con ellas se cansaron y pensaron que también podían hacerlas, y fueron a sus casas y mezclaron en botellas de plástico agua y jabón, y con palos y cuerdas hicieron grandes pompas.
El cielo se llenó de burbujas de todos los tamaños, las de detergente de mejor calidad llegaban más alto y duraban mucho más tiempo.
Las burbujas invadieron el país hasta que los niños cansados de que los adultos no se ocuparán de nada más se pusieron a pincharlas y el jabón se llevó lo sucio, lo oscuro…
El lodo negro les arrastró hasta ese lugar algo más incomodo que sus agradables escaños, no importó, continuaron con el debate, lo importante era demostrar que estaban libres de pecado, todos arrojaron la primera piedra… a uno le pusieron el capirote de culpable y con el cucurucho puesto se orinaba en la sentencia, sabia que su burbuja había sido la más grande y por ello su poder era enorme, pronto su dinero vendría a rescatarle.
Siguió mirándoles a través del ventanuco de la puerta que abría su celda, gracias a ellos descubriría las claves del ansía de poder de la mente humana. Gracias a ellos le permitían investigar en el psiquiátrico y terminaría su tesis.