Una corriente recorrió su cuerpo cuando recibió la noticia, su cuerpo se llenó de una sensación de indescriptible placer. Lo había conseguido, por fin, de nuevo! Creía que no se volvería a repetir y ahora lo tenía entre sus manos.

 

Se sentía exultante, satisfecho y feliz. Al mismo tiempo se dio cuenta de que era otro hombre, que había cambiado. En el pasado se habría sentido invencible, todopoderoso tras su éxito e incluso un poco superior. Sin embargo, ahora una prudencia que desconocía le invadió, era más consciente y realista.

 

Pasaron ante si imágenes de un pasado no muy lejano que le devolvían una imagen de sí mismo no muy positiva, en el que vivía presionado por el deber del éxito a toda costa sin importar el cómo ni a costa de quién. No se podía fallar. Invadido de un falso optimismo se creía que todo era posible y empezó a no medir las consecuencias de sus actos ni a evaluar los riesgos, todo era posible, nada ni nadie podía pararle.

 

Borracho de éxito era incapaz de analizar, hasta que un día le tocó perder. La pérdida fue proporcional a su inconsciencia y el dolor proporcional a su invencibilidad.

 

Hoy lo conseguía de nuevo, sin embargo era otro hombre, porque había aprendido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *