Consiguió ser declarado heredero universal.

Se lo había currado y mucho.

 

Odiaba los museos y ahora los conocía todos.

Por no hablar de ir de compras, médicos,

misas, bridge y peluquerías, todo eso que les gustaba a las viejas.

A esta bruja además le gustaba salir a comer,

marisco sobre todo, y eso fue lo que acabo, al fin,

con ella, unas ostras. Unas finas ostras de Arcade

hicieron el trabajo sucio.

 

El sobrino pródigo, él, había vuelto a casa de la tía

sin ningún plan, solo porque no tenía adonde ir.

poco a poco la media se enredó, y hoy, él era el Señorito.

 

Miró al tipo que tenía enfrente en el tren, con la mesa de por medio,

conseguiría volver a sonreír así? alegrarse por algo de esa forma?

Pensó que sí, porque no? Como decían en men’s health

era cuestión de actitud, empezaría por pregúntale a ese tipo

quienes eran su dentista y su sastre.

Y sobretodo de que coño se alegraba tanto el cabronazo.

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