No quiero ir al colegio, papá me necesita y puedo ayudarle.

Mira mamá, sé llevar el corderito, no le hago daño.

A duras penas le he podido explicar cómo es que la mitad de sus amiguitos no van al colegio. No nos evacuaron y luego ya no quisiste, podíamos habernos ido.

Mujer lo hecho, hecho está. No te pongas triste. Has oído las noticias: “La comisión del gobierno para el área afectada por el suceso de Chernóbil aprobará, en breve, la alimentación con productos de la zona”

Y, ¿lo crees? Sólo la niña está contenta sabiendo que no vamos ni a vender ni a comernos el corderito.

Se tocó el pecho involuntariamente, no le había contado a su marido que se notaba un bulto en su seno izquierdo, y él aún no se había dado cuenta.

Mami, ¿mañana puedo quedarme en casa?

Mmmm, sí cariño, te quedas con papá y así le ayudas.

El hombre lo oyó y sonrió, aún no le había dicho a su mujer lo de sus jaquecas; sólo la cercanía de su muñeca conseguía calmarle.

Ven zapyast’ye*, ven con papá, vamos a dar de comer al corderito.

La niña no dejaba de mirarle y si no hubiera sido por la mascarilla, habríamos visto su preciosa sonrisa.

 

 

* Zap’yasti: [zapiestí] muñeca en ucraniano.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *