Dicen que en una emergencia los que leemos no nos desenvolvemos especialmente bien. La nube de gas tóxico tenía un radio de acción de 5 kilómetros, dijeron por radio y televisión. Marcial y yo habíamos salido corriendo de nuestras granjas. Alguien podía estar a punto de morir si era cierto. Cuando escapábamos, en ese típico momento en que te juegas la vida, mi vecino Marcial me empujó por detrás para coger el único vehículo de la zona sin atender a los gritos de mi mujer. El gas se extendía rápidamente y teníamos el tiempo justo. Cuando yo ayudaba a mi mujer que había caído, mi hija Clara se me había escapado para recoger una cría de oveja. Marcial era de decisiones más rápidas; sabía cuándo actuar y ahora estaba dentro del coche. Había salido de casa antes que yo, había empujado a su único amigo para coger el único coche disponible. Aunque el gas tóxico mata por inhalación y no por contacto. ¿Entiendes Marcial?, antes de subir a él y prepararte para huir, deberías saber que el primer paso del manual era ponerse la mascarilla. Mi vecino me contempla con su rostro sin vida agarrado al volante de un coche sin gasolina. Tras él Clara, protegida por la mascarilla, se acerca con la oveja en brazos mientras mi mujer deja de gritar.
A veces es mejor leer algo, Marcial, aunque sea el manual de instrucciones, que estar viendo la tele todo el día.