Último día. La misión por fin ha terminado. Después de tanto tiempo aquí, me impresiona comprobar que ya no queda ningún ser vivo, pero estoy satisfecho, lo hemos conseguido.

Llegué hace algo más de un siglo, cuando el sonido de su llanto nos estremeció y decidimos salir en su ayuda.

Ella los quería de verdad, los consideraba casi sus hijos porque los había cuidado desde que aparecieron. Por eso, no había sido capaz de destruirlos y aguantó todas las barbaridades que le hacían. Ellos siempre querían más, no les bastaba con todo lo que ella les daba. La trataban como si no estuviera viva, como si su salud no les incumbiera, como si no tuviera sentimientos y no pudiera llorar.

Desde que empezó la misión, hemos visto cómo ella les iba enviando pequeños avisos para que no continuaran haciéndole daño, pero nadie hizo caso. Tan listos que se creían y no entendieron que el cambio climático tenía un mensaje y que eso realmente no eran terremotos, sino que ella temblaba del miedo a que los humanos terminaran por matarla.

La bomba de neutrones incrementada que ellos mismos habían inventado ha terminado con sus vidas. Todo ha quedado intacto, pero las personas han desaparecido. Como sospechábamos, solo había que aumentar los efectos de la radiación con materiales cercanos que ampliaran la activación neutrónica.

La trasmutación en niña con oveja ha funcionado. Hemos pasado desapercibidos. Menos mal que ya veo llegar a la nave, pronto estaremos en casa; al fin terminamos con unos seres inconscientes que estaban matando a su propio planeta. Ahora la Tierra está a salvo y poco a poco va dejando de llorar. Espero que los próximos seres que la pueblen sean capaces de hacer que vuelva a sonreír.

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