El comisario ordenó una reconstrucción de los hechos, y se hizo un incrédulo silencio entre los policías de la brigada.
-Nos ponemos manos a la obra, mi comisario -dijo el oficial con voz trémula.
Se oyeron murmullos, pero nadie rechistó. Salió el oficial y detrás, saludándole protocolariamente, cada uno de los policías.
-Ya me dirás cómo lo hacemos, conmigo no cuentes para el agua, tengo asma.
-Mi oficial yo nado muy mal, vamos que no sé nadar.
-Llamaremos a los buceadores de costas, así que dejad de lloriquear como nenazas. Tú, vete al acuario y monta guardia, que nadie toque nada. Y que tapen como sea el tanque, ya no es una atracción ahora es la escena de un crimen.
Este caso le traía de cabeza, las vallas eran un reclamo turístico según el director del acuario a los peces mariposa les gusta nadar entre obstáculos, vaya gilipollez, -pensó el comisario.
El buceador se tiró con la vestimenta del maratón, aletas y gafas, y corrió en el agua, igual que hizo el “fiambre”.
De repente cayó al fondo, fulminado. Nadie se movió, pasaron unos segundos que parecieron horas. El comisario lívido mandó vaciar el tanque, filtrarlo todo y comprobar todas las especies.
Sobre las 3 de la mañana le trajeron una minúscula masa transparente, eran los restos de una medusa avispa, el animal con el veneno más letal del planeta.