Serena. Ligera como una pluma, volando. Las sensaciones y una rara mezcla de sentimientos opuestos invadían a Sara mientras saltaba como una niña sobre la cama del mismo cuarto en el que había vivido sus sueños de infancia. Claro que cuando tuvo que volver a casa de sus padres tras perder su trabajo, ellos acondicionaron aquella habitación para alojar a una mujer adulta, no a una niña. Pero haber vuelto a esa casa de alguna forma le hacía sentir así. Al llegar y dejar sus cosas en la habitación, se había dejado caer, cansada, sobre la cama. Pero después, sin saber muy bien por qué, se había puesto a saltar, y con cada salto, sus temores iban alejándose de ella, y haciéndose más y más pequeños. La angustia y la tristeza que había sentido en los últimos días antes de dejar su apartamento fueron dando paso a una extraña alegría. Era como sí, de repente, el futuro que le había parecido tan negro ya no pesara. Sonriendo, y con las mejillas enrojecidas de tanto salto, Sara se bajó de la cama, conectó el portátil, y comenzó a escribir una nueva entrada de su blog, sintiendo que, de alguna manera, su nueva situación no era un fracaso, sino que estaba llena de posibilidades.