Aunque pueda sonar extraño las hadas a menudo viajan en avión así que también les afecta la reducción de tamaño máximo admisible para el equipaje de mano, y a las hadas, como a los gnomos o a los elefantes, tampoco les gusta abandonar a su humana de compañía en una cinta de aeropuerto, por muchas etiquetas que le peguen sobre su ropa.
El hada Luisina no conseguía cerrar la maleta de dimensiones aprobadas con su humana Dakota dentro, pero ni un por un instante valoró la idea de dejarla en casa. Si viajaba sola, ¿quién la entretendría con cuentos e historias? Entonces se le ocurrió una típica idea de hada: la metería en la lavadora, programa largo con secado, a ver si así encogía.
Sí, listillos, me diréis que si Luisina es un hada, pues que haga un encantamiento y la convierta en ratón para el viaje, y luego vuelva a transformarla en Dakota, ¿no? Pues no, porque la magia sobre humanos requiere permiso tipo B, y ella todavía no había conseguido aprobar el examen.
En cuanto sonó el pitido de final de programa, Luisina abrió la lavadora y sacó a Dakota tirando de un pie. Resultó que no sólo había encogido de tamaño, ¡sino de edad! ¡Ahora tenía siete años! Bueno, ya no había solución, así que el hada Luisina se la llevó de vacaciones y no les fue nada mal, porque Dakota dejó de contar historias de matrimonios desgraciados y empezó a contar cuentos de hadas.