Estaba hasta el moño de la gente brillante. Brillantes sus dineros, sus leyes, sus casas de muy brillante diseño, sus cuerpos y sus almas brillantemente magulladas. Sus jueces y sus dioses. Como los mismísimos chorros del oro. Bisutería brillante al por mayor, óigame usted: qué no nos falte de ná.
Se fumó su último cigarrillo, se encerró y se tragó el llavero y la cartera con la pasta y toda la documentación. Las luces de la calle pronto se apagarán. No piensa salir jamás.