Volvió a mirar por la ventana y allí seguía la maleta, entre los contenedores de basura, era miércoles y hasta el viernes no se la llevarían los basureros, era una maleta de cuero vieja, seguro que sus dueños se habían desecho de ella porque no tiene ruedas.

-Ah las maletas con ruedas qué gran invento, pensó María, ya nadie tenía que acarrear pesados bultos de un lado a otro de estaciones y aeropuertos….

Estaba pensando en el último viaje que hizo con su vieja maleta sin ruedas cuando un coche pasó despacio buscando aparcamiento e iluminó el frontal de la maleta, y de repente como un relámpago un destello azul surgió de una pegatina adherida al frontal, vio claramente en la pegatina el hada azul, el logotipo de un viejo hotel propiedad de sus abuelos, donde solía pasar los veranos una vez acabadas las clases, y que vendieron hace mucho tiempo.

Bajó corriendo y observó la pegatina, efectivamente, alguien que había pasado sus vacaciones en el hotel vivía por el barrio, despegó con cuidado la pegatina de la maleta para no romperla, dos trozos se resistieron a despegarse del cuero, pero el hada azul salió íntegramente, con el hada entre sus manos como el tesoro más valioso del mundo subió las escalera de su casa emocionada con sus recuerdos de niñez, recordó las largas tardes de verano con sus amigos en la playa del pequeño pueblo costero donde vivían sus abuelos, y donde había visto por primera vez el mar.

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