El ir y venir de cosas superfluas, le quitaban ese tiempo a lo primordial, eso me hizo estallar: ¡Pum!, he mandado todo a un precipicio.
– ¡Basta ya! ¿Y ahora qué hago?
– Simple, toma tu mochila.
Así comencé un camino de renovación, sin olvidar lo aprendido y con la humildad para ver lo nuevo.