Cada verano Bruno hace El Camino. Se gana la vida por su cuenta dando clases. Le da para vivir al día. Es el tipo de vida que siempre soñó. Lo consiguió a base de ampollas, tiritas y monólogos en una esterilla por colchón. Durante nueve meses disfruta de calidad de vida, sin embargo aún no tiene la solución para los otros tres. Cuando su actividad para, las facturas no cogen vacaciones. Entonces, se va él. Cientos de kilómetros a pie para escapar de los gastos fijos.

Junio del 2050. La esperanza de vida ha aumentado tanto que no se muere. Bruno tiene casi sesenta. Aunque la mente envejece más tarde que el cuerpo, el paso del tiempo sigue dejando huella. Las articulaciones quieren acomodarse y las necesidades básicas se vuelven exigentes. No le queda otra que reinventarse. No se imagina hacer El Camino durante toda la eternidad, ni tan si quiera un año más.

Un alumno le ha contado que ha visitado una ecociudad llamada Intelligence. Son innovadores en lo referente a la sostenibilidad de personas. En el planeta la tasa de insatisfacción es muy alta y urge el reciclaje. Se expanden por las ciudades más importantes del mundo con un propósito: Ayudar a vivir la vida lo mejor posible y, más ahora, que es para siempre. Necesitan profesores para sus cursos de formación. Expertos en sobrevivir contentos. El mayor éxito de los últimos tiempos.

Bruno tiene que tomar una decisión. La rutina de hacer El Camino se ha vuelto insoportable. El paraiso del que le han hablado le ofrece un rumbo nuevo. Es inspirador un lugar, por fin estable, que le permita seguir haciendo lo que más le gusta los doce meses del año. Se dispone a buscar información acerca de Intelligence. No puede creerlo. Es imprescindible pasar previamente por un curso de formación de formadores. ¿Os imagináis dónde se realiza? Sí, asi es. Habéis acertado. En El Camino.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *