Miré embobado el cuadro. Lo que más llamaba mi atención era ese animal que estaba siendo abducido por lo que parecía un ovni. Y de repente sentí envidia, unas ganas tremendas de ser teletransportado por unos seres superiores. Los imaginaba ligeros, casi transparentes y con grandes ojos oscuros, desde los cuales podían escanear cuánta porción de bondad y maldad hay en nuestro planeta. Y yo, aterrado ante tal carga de miseria, egoísmo y mezquindad reinantes en el mundo, elegía, les suplicaba quedarme con ellos. Esos seres inteligentes y generosos tenían mucho que enseñarnos.
Pero de repente un grito “Despierta, holgazán, que hay que llevar al cole a los enanos” me devolvió a la dura y mediocre realidad.
Pero, y si la realidad superara a la ficción y algún día pudiera encontrarme con ellos?. Siempre queda la esperanza…