- Pues sí, tío, así como te lo cuento, y se quedaron todos flipados de lo bien que lo hacía.
Tomábamos cañas con Carolina, Carmen, y los demás en la terraza del “Casa Cura”, y Carlos estaba contando su primer día en el nuevo taller mecánico. Del anterior, aunque él no lo reconocería nunca, le habían echado porque se había equivocado varias veces en algunas reparaciones y porque, para qué engañarnos, en lo que yo le conocía como amigo, era bastante vago, pero él, claro, decía que el despido era por haber desafiado a su jefe, porque su jefe, que era el dueño del taller y llevaba siendo mecánico más de 20 años, se equivocaba, y porque la novia de su jefe, que trabajaba en el taller de administrativa, le tiraba los tejos, o eso decía.
- No sólo la tengo en el bote, tío, que eso es lo que le molesta a él, es que además yo sé cómo se hacen las cosas, y ellos no, ¿sabes? O sea, yo sé cómo se sustituye un árbol de levas cuando la distribución interna es variable, ¿vale? Y estos no tenían ni puta idea, y mi jefe todavía menos, y se lo dije, les dije: no sabéis ná, esto es así. Y claro, a la calle, por valiente y rebelde.
A Carlos había que leerle entre líneas, porque siempre en su forma de contar él era el que más sabia de todo, y los demás, en su cabeza, o bien le adoraban o bien le odiaban por envidia, aparte de tener que restarle el edulcorante de los detalles que jamás ocurrieron.
- Pero en el nuevo taller se han dado cuenta enseguida, tío -continuaba diciendo-, que sé más que nadie porque las cosas las hago bien, es lo que digo siempre, que si haces algo, hay que hacerlo bien, y se lo he dicho a todos hoy: “las cosas hay que hacerlas bien”, y me han dado la razón, hasta mi nuevo jefe me ha dicho que tengo razón, porque es que es así.
Al rato Carolina continuó con el tema del trabajo para desahogarse sobre su jefe en el buffet -era abogada laboral-, que la obligaba a llevar un caso de despido procedente de una forma que Carolina preferiría haber evitado, y Carlos no pudo menos que interrumpirla:
- Así no funcionan los juicios por despido, hombre, eso si al juez le dices que lo declare nulo, hazme caso, lo que yo te diga, tienes que hacerlo así.
Carlos continúo explicándole a su amiga abogada lo que había que hacer en un juicio, mientras Carolina ponía los ojos en blanco y yo suspiré pensando “menudo fantasma, vaya entidad fantasmagórica el Carlitos, menos mal que luego es majo”.
- Ese es el espíritu -respondió Carolina, simple diplomática-, comunicarle al juez las características de la documentación presentada, pero mi jefe…
Y seguimos bebiendo y charlando durante toda la tarde, entre risas, cañas, y fantasmadas varias.