Imagen de categoría

(Escena 1ª)

– Celia, hoy me gustaría que hablará de su infancia.

– Bueno doctor. Mi infancia es la típica infancia de una niña de provincias. Vivía en Bilbao, con mi madre y mi hermano en casa de mis abuelos.

– ¿Y su padre?

– Siempre pensé que habría muerto.

-¿Habría?

– Bueno, doctor, ya sabe. En casa no se hablaba de él y yo era como le dije, una niña de provincias. Las niñas de provincias no preguntan por cosas de las que los mayores no hablan.

– Está bien…, siga por favor.

– Como le decía, vivía en casa de mis abuelos. Mi abuelo era sastre y muchas tardes mi hermano y yo íbamos a la sastrería a hacer deberes. Recuerdo que mi abuelo nos daba cinco duros y nos comprábamos un bollo y una chocolatina blanca, ¡era una merienda fantástica!

– También recuerdo los domingos cuando mi tío Ramón nos venía a buscar a la salida de la iglesia y nos llevaba a comer a alguno de los restaurantes de la plaza. Y también recuerdo a un señor arrodillado y con un balón en la cabeza que siempre estaba allí…

 

(Escena 2º)

-Buenos días Agustín, encantado de conocerle. Cuénteme, ¿Por qué ha decidido venir a terapia?

-Buenas doctor. Bueno, mi vida ha sido un desastre. Yo era el típico marido de provincias. Casado , dos hijos. Trabajaba con mi suegro en su sastrería y llevaba una vida de lo más normal… Hasta que un día, apareció la mujer de mi vida. Loco de amor abandoné todo por ella pero al final me dejó y cuando quise retomar el amor de mi mujer, ella se había enamorado de Ramón, mi mejor amigo. No lo podía soportar y me pasaba los domingos sentado en la plaza implorándola perdón.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *