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No nos pasaría, pero somos así.

Paseas a toda velocidad por una vida que no espera a nadie, pero tus ojos lo ven, fugazmente, y te detienes un momento, ese instante crucial en el que tienes que decidir.

Te paras por la curiosidad, mirando pero sin ver, te agrada, claro que sí, lo demás …

¿Acaso importa?

Lo que quiero es gustar, que me mire y sorprender, despertar su interés total y absoluto.

¿Cómo hacerlo?

Deberíamos observar que leé con tanta atención. Le gusta la moda, viste con elegancia, sombrero italiano a juego con el vestido, su postura perfecta sobre la mesa, los tatuajes son bonitos y sus manos parecen delicadas, muy cuidadas.

Pero …

¡Es guapísima!. Delgada, mejor.

Tendré que esforzarme mucho, sí, eso por descontado. Le gustaran los hombres elegantes y con una presencia impecable, con seguridad en si mismo, fuerte. Tengo que mostrarme así para que no me rechace sin más.

Entraré a hablar con ella, un saludo corto, elocuente, sin dudas y sin pausa tendré que alabar su belleza y encanto. Tomo asiento a su lado, firmeza, espalda recta, cabeza alta, tiene que verlo, de cerca, soy como ella espera.

Queremos ser escaparates, vendernos a ojos de quien nos mira sin ver, aparentar aquello que los demás buscan para ser aceptados socialmente.

Miramos de igual manera, sin profundidad, eso, si alzamos la vista al mundo que nos rodea.

Te invito a pasear sin prisa, sin teléfono móvil, sonriendo y te darás cuenta del mundo en el que realmente vives.

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