Imagen de categoría

Es tan guapa que me hace pararme a mirarla. Joder, si que lo es, me digo mientras la observo desde el humilde parapeto que me da el cristal de la cafetería.

Paso tantas veces por esa cafetería junto al ministerio y nunca la había visto… También es verdad que casi siempre llevo el paso apretado, directo a presidir malditas comisiones que me consumen, y no hablo de las que vienen en sobre, si no de las ministeriales, de las que dirijo más de una veintena a la semana desde que llegué al cargo hace dos años.

Siempre me han encantado las chicas muy jóvenes, con un puntito andrógino, pero bellas, con esa belleza perfecta de catálogo, no lo puedo evitar,y, aunque la reputación del puesto me lo debería impedir, pierdo la cabeza ante una cara bonita.

Ella está ojeando una revista y no se ha dado cuenta de nada, decido entrar y me pido un café. La observo desde la barra, pasando páginas desinteresadamente, faldas, cremas, reportajes… No puedo dejar de mirarla y ella ni se entera.

Mira mucho el reloj, como si estuviese pendiente de alguna cita, lástima, pero normal, este bomboncito no creo que esté sola… Son las nueve y media de la mañana, la nena mira la hora una vez más en su muñeca, saca el móvil de una manera un tanto extraña …..y unos segundos después el atronador retumbe de la explosión me hace tirarme al suelo. Supe por el mismo Mariano que la bomba, accionada con algún dispositivo a corta distancia del edificio, destruyó casi todas las plantas del ministerio, llevándose a un buen número de mis funcionarios por delante.

Días más tarde pude ver su imagen nuevamente, el periódico la identificó como la nueva cabecilla del grupo terrorista. Después de todo, pensé, ya no es tan cierto eso de que a nadie le amarga un dulce.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *