La sensación de “déjà vu”. Esa expresión que se puso de moda hace algún tiempo para nombrar esos momentos de recuerdo sin lugar ni tiempo…. Eso puede ser lo que viviste, según me contabas.
Dices que no lo entiendes, que fue algo completamente nuevo para ti y, sin embargo, que la sensación era de total naturalidad… Pues lo dicho. Sería un “déjà vu”.
¿Quién te dice que no la habías visto antes? ¿Quién te asegura…? ¿Puedes tú estar seguro de que nunca antes viste esa piedra, grabada, escrita, mensajeada?
La memoria puede ser un saco sin fondo o con un fondo tan profundo y oscuro que nos cuesta reconocer como recuerdo eso que un día –ya olvidado- metimos en la bolsa.
Si “tropezaste” con esa piedra, cuando ella te la enseñó a modo de misterio indescifrable (para ella, claro) y sin saber cómo, pero sí inmediatamente, pudiste leer el mensaje sin esfuerzo o sin conciencia de esfuerzo.
Y ella comprendió que el mensaje era ese. No ‘podía ser ese’, sino que ciertamente debía ser así
Y tú no sabes cómo…, ni por qué viste y leíste ¿Interpretabas? No lo creo. Recordabas.
Dices que tropezaste con la piedra. Yo creo que la piedra te reencontró. Seguramente, te buscaba hace tiempo. Y no se había dejado leer por nadie. De ahí su fama de indescifrable.
Y llegó a ti. Por fin. Y os reencontrasteis. ¿La habías escrito tú? ¿La escribieron para ti? Eso podrás averiguarlo en algún momento. Ahonda en el saco. Y sal de la sorpresa. Reconoce y reinterpreta. Lo que dice la piedra te lo dice a ti. Es tu mensaje. Hazlo tuyo.