María que era arqueóloga pasaba ratos difíciles en su trabajo ya que envidiaba todos sus objetos de investigación, se creía que en la época de su existencia siempre se estuvo mejor, que cada uno de ellos tuvo un motivo de existir o un propósito de vida más interesante.

 

María siempre viajaba, de una excavación a otra, siempre la misma rutina, fósiles u objetos que escondían una historia pero que muy poco le comunicaban algo a ella. Había desistido en muchas cosas, relaciones estables, formar una familia, sentirse a gusto en alguna ciudad en especial, nada de eso podría satisfacerle porque nunca se estaba en un mismo lugar por mucho tiempo; también es verdad que María disfrutaba de comenzar de cero, en algún sitio distinto cada dos o tres meses, conocer gente nueva y otras culturas, pero aun así carecía de sentido todo lo que vivía y siempre acababa sintiendo un vacío que no le permitía ser feliz.

 

Una mañana muy tempano sonó el teléfono, era un grupo de científicos que requerían de sus servicios, habían conseguido una piedra con un texto que no lograban descifrar, María que no era experta en traducciones intento explicarles que estarían mejor con algún experto, pero estos insistieron ya que el experto más cercano podía llegar en dos días a esta ciudad y les urgía conocer lo que en esta piedra decía.

 

Horas más tarde María se acerca por fin al lugar donde está la piedra, y esta no le parece que este en ningún idioma desconocido, veía claramente lo que ponía:

 

“todo lo que buscas está dentro de ti”

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