Allí estaba, un fin de semana más vigilando la sala. Yo, Español…. era un inmigrante mas que  trabajaba como guarda de seguridad en el Museo Británico, y mi trabajo principalmente consistía en que los mocosos no manchasen con sus manos sucias de chocolatinas inglesas la vitrina de la Piedra Rosetta.

Como todos los días, me paseaba alrededor de la vitrina y miraba sin mucha atención, aquella piedra negra con texto indescifrable. Sin embargo aquel día fue diferente. Decidido a que tenía que mejorar mi inglés, comencé a leer la traducción del texto de la piedra que los expositores del museo habían colgado en un marquito al lado de la vitrina.

Mientras mi cerebro deshacía el nudo mental que se le ponía cada vez  que intentaba entender el inglés, mis ojos se iban a los dibujitos de la piedra, luchando por recomponer en mi cabeza, dibujitos, inglés y español.

Allí estaba el pato, seguido de una luna, y de lo que parecía una cruz. “Are you kidding me?!!”, que dirían los ingleses. Estaba leyendo con total facilidad la dichosa piedra!! Es más, acababa de descubrir que la traducción del marquito era incorrecta!! Pato, más Luna, más Cruz, en la vida había significado “Yo Ptolomeo heredero de los Dioses”, aaaaaanda que no se lo tenía creído el amigo!!

Después de una segunda pasada al texto, había sacado tantos errores, que mi corazón empezó a palpitar de ansiedad, al mismo tiempo que anotaba como loco mi propia versión de la traducción en un papel, y sufriendo lo indecible por la incertidumbre de que en cualquier momento esta repentina habilidad se iría del mismo modo que vino, sin pena, ni gloria, ni tiempo para el disfrute, ni el orgullo, ni el chuleo, ni el alarde. Así es la vida, te da, y te quita.

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