Allí estaba ella, experta buceadora de abismos. A veces se perdía, para volver a reencontrarse con más transparencia y lucidez.

Descifrar las contradicciones, engaños, horrores y heroísmos era su vocación desde que se conocía. Su  mundo.

Y allí estaban ellos: afamados científicos cargados de conocimientos , con su lógica aplastante desde la que pautaban todo, frente a esa piedra escrita , impenetrable.

Sumergida en la litografía como en tantos abismos, vió cómo cada signo encerraba una historia diferente, un dolor cincelado y encriptado como un anclaje de realidad  para sobrevivir; y de no olvidar, olvidando. Encerraba en un dibujo las claves silenciadas de su ser para no perderse. Pulgarcito con sus guijarros. El hilo conductor era el horror y el silencio. No era el lenguaje de la razón científica.

Satisfecha. Le resultaba tan claro!

Pero ella siempre buceaba un poco más. Era su destino. Sabía la relación entre lo sentido-deseado-soñado-expresado-silenciado. Pero…, ¿quién puso en el Ser esa sensibilidad placentera y dolorosa, ese ansia de saber sin respuestas, ese deseo de volar sin alas, esa necesidad del otro cuando cada persona es un microcosmos…? Y ahí, sí que no tenía respuestas.

Soñadora de abismos.

Tal vez, mientras alguien intentara descifrar un enigma, los abismos tenían sentido.

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