Su voz me asfixia, al oírla se cierran los bronquios y el oxígeno deja de fluir.
Su contacto me quema, deja marcas en mi piel como heridas las brasas.
Su pensamiento me agrede, tras él llegará la orden, la crítica, la sumisión.
Las sensaciones son familiares aunque intuyo un entorno diferente.
Ahora, antes, luego, el tiempo se encoje y estira con cada respiración.
La cápsula se detiene, lo presiento, el aire se densifica.
Su voz resuena como hielo, se clava.
dijeron que sería placentero. No loes.
Veo sombras, sí oigo sirenas, ¿bombas?, no puedo abrir los ojos, pero lo veo, tanques, humo.
¿Dónde he caído?
Yo quería en el Cuartel General de la Gestapo, y esto es el frente.
Debe ser el frente, pues sigo sin poder respirar. Y esa voz.
Que desastre, ¡que dolor!.
Empezó en el brazo, creo. Luego el pecho, la cabeza.
No hay cambios. La actividad cerebral se mantiene a 70.
Pulso acelerado en 105, tensión 13-7. Ha empezado a sudar.
Con este calor, no me extraña. ¿Te toca guardia el fin de semana?