Hacia frío ese día. El chico llevaba guantes, pero, pardiez el traje… Bueno, era jóven y parecía de los que aguantan bien.

 

De toda formas, me da pena el chico, como muchos que tienen que soportar la imagen que le exigen para su trabajo.

 

Pero no me llamo la atención esto. ¡Estaba pintando con un spray en la pared!

 

No me importaba, estaba tan inmersa en mis pensamientos…y ademas, que coño me importa este chico, pensé.

 

Bueno la verdad es que, pensando ahora, lo que estaba pintando, debía haber sido suyo o al menos le apasionaba pintar en las paredes. Tanto como para pararse, estando trajeado y hacerlo.

 

¿Seria como una terapia?, una terapia absurda. Pero bueno, también me parecía absurda su imagen de pobre ejecutivo. En ese momento… Al estar agachado en equilibrio, de esa sensación de fragilidad. ¡No!, ¡era frágil, de eso no me cabe la menor duda.

 

Lo que me sigue llamando la atención es que se parara en ese momento a pintar…Estaría hasta los cojones de su trabajo. Si, eso creo. O, tal vez, era parte de un ritual.

 

Puede que esa pintura no fuera suya. Pero bueno me parecía que seguía un ritual… Como ahora se hacen tantas cosas raras y que si lo analizas bien, forman un todo lleno de equilibrio. Como lo es el hecho de ir trajeado y pintar con un spray en una pared.

 

Me sigue dando pena el chico, caray. Será porque estoy sensible, pero me sigue dando pena.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *