-Muy bien señor Pérez, vamos a proceder a tomarle declaración. Cuéntenos ¿qué pasó la
noche de ayer?
-Señor oficial, yo ante todo soy íntegro, con aspiraciones terrenales como cualquiera de
vosotros, yo…
-Peréz no se pase de listo, que vuelve al calabozo 24 horas más. Vamos cuente que paso.
-Si yo estoy siendo honesto Oficial. Bien, el día del que se hace mención eran las fiestas de
San Miguel. Allí estábamos todos disfrutando de nuestra fiesta como nunca, alegres,
festivos, salvajes ¡con pasión que nos recorría todo el cuerpo y las venas!
Ese día estaba de estreno, use mi mejor percha. Una camiseta que pille del H&M en las
rebajas. Rayas blancas y negras, porque me afinan las figura en la parte media y me dan un
aire más señorial, ejem ejem….eso decía mi madre, que voy a saber yo de esas cosas.
Rondando las 10 de la noche y tal como una cenicienta, la vi. Recostada en como la maja
vestida en ese tablón de madera. Esperando que un buen mozo pruebe esas suculentas
piernas. Por más que lo intentara ya no podia sacarmela de la cabeza, la deseaba con
ansias, como ningún otro. Debía poseerla, desgarrar sus vestiduras, lamer su dorado
cuerpo.
Finalmente me decidí, cruzando un mar de gente fui hasta su encuentro. De camino me pille
una cerveza, sabía que iba a necesitarla. Luche contra viento y marea hasta llegar a su
puesto rodante. Con temor me senté a su lado, mientras la muy ingrata seguía en su pose
ignorándome, yo la quería ¡maja y desnuda!. Le susurre cosas furiosas al oído, DE LAS
QUE NO ME ARREPIENTO oficial. En cuanto me dio la señal me abalance y la tomé entre
mis brazos, besé toda. Mis manos estaban en todas partes. La hice mía. Esa bocata, de
jamoncillo al horno, jugosa, sabrosa, mia.