– No puedes recordarlos. No tienen marcas ni lunares. Sus mejillas son redondas y su piel es de color sepia. Todos con ojos redondos, con la suficiente luz para parecer vivos, pero absolutamente indefinidos. Visten de gris, pelo corto. Y diría que lo único que hace que puedas identificarlos es que no sabes si son niños o niñas.
– ¿Cree que los eligen así?.
– ¿Qué los eligen? ¿Quién?.
– ¿Me toma el pelo? ¿Cree usted que esos niños se organizan solos?. Aparecen en eventos multitudinarios, atraviesan controles de seguridad, consiguen llegar al escenario y se colocan al lado de personas ilustres. ¿Una banda de niños puede hacer eso? ¿qué edad dijo que tenían?¿ocho? ¿nueve? ¿diez?, ¿de verdad lo cree?.
– No sé, no lo había pensado. No estoy seguro de que sean reales. ¿Sabe que todas esas personas han muerto?. En menos de un año desde sus aparición junto a ellos, todos, de una forma u otra, ya no están.
– No, no lo sabía. Parece usted muy abatido.
De todas formas, esas personas que refiere, exceptuando la quinta, estaban en edad de elevar el vuelo. ¿Cuántos años podía tener Leonard Cohen? ¿más de mil?. Y es común premiar o dar homenajes a personas que lo merecen al final de sus vidas.
– No lo entiende. Ya no están. Y la última de ellos era una doctora en medicina genética. Los están reclutando.
– Mire, si no fuera porque hemos recibido cientos de llamadas que cuentan esa historia de los niños, créame que no seguiríamos hablando.
– Está bien, dejémoslo. No creo que usted sea capaz de entenderlo.
Le dejo una foto que hice cuando seguí a uno de los chicos. Mírela bien.
Buenas tardes.