– ¿Traumatizado? ¿traumatizado Ana entró hecha un brazo de mar en la sala de profesores.
– ¿Sigues con los piojos?, le sonrió la compañera junto a la cafetera.
– No. Esa ya la tengo tragada. Esta es nueva, la madre protectora de hoy viene de Inspectora de Educación. Que le parece que he puesto a trabajar a su hijo para ahorrarme trabajo ¡yo!.
– Lo raro es que lo diga cuando a esto no lo llaman trabajar…
– Y lo más grande es que ha sido ¡porque otra madre «ha ido a darle las gracias»…!
– ¿Cómo?
– Que va una y se cree eso de enseñar a trabajar juntos, cooperar, dicen, compartir, valorar lo que cada uno puede aportar al grupo… (esas cosas que nos ponen en los Libros, eso que dicen que tenemos que hacer… ). Pues resulta que eso no va con los niños, esas piezas débiles de nuestra sociedad, adorados dioses salvajes…
– No me entero. ¿Una le da las gracias y esa va y te abre» expediente»? ¡Rizando el rizo!
– Pues sí. No basta con que se sientan ofendidos cuando le «comentamos» que sus nenes tienen piojos. Eso no es nada. Ahora no les parece bien que el chico aventajado que, por cierto, se aburre como una ostra en la clase…, ayude el compañero que ha faltado una semana por gripe. Yo voy y lo planteo, lo redacto, lo firmo y rubrico…. El chico listo lo hace, feliz como perdiz… El de la gripe va y se entera de lo que se tiene que enterar…, y su madre ¡contenta! no le dice a la maestra (o sea yo) ¡qué bien!… Que ¡gracias! sino que se lo agradece a la madre del chico aburrido y ella me monta el numerito ¡que va a ir a la Inspección!
– Que Freud ha hecho mucho daño…. ¡te lo digo yo!