Roto el cristal del hechizo cualquier cosa podía pasar en aquel sitio inhóspito.

No era un bosque y debería serlo, pues doña Inspiración así lo requería.

Alguien había cambiado todo el orden del cuento y, a partir de ese momento, el Conejo Blanco llevaría guantes rojos en lugar de los blancos de siempre..

La Reina de Corazones estaba feliz: Todos andaban desordenados de un lado a otro y ella podía gritar a su antojo: “Que les corten la cabeza”

Claro que con la pedrada que había roto el cristal, ya varias cabezas habían rodado por los suelos, pero sin  manchar nada de sangre , que para eso era un cuento de niños.

Bajo el árbol del fondo algo se agitaba y se oía un quejido lastimero.

El hombre del paraguas se acercó a mirar, con cuidado de no pisar las flores que formarían el ramo blanco del conejo, y por más que miraba, nada encontraba… excepto un débil quejido cerca del tronco del árbol.

Se agachó, se colocó las gafas y levantó unas hojas rojas cubiertas por la nieve .

Quien se quejaba era una pequeña seta, con un gorrito rojo con puntos blancos, como la de los enanitos, que asomaba entre las hojas.

–              Yo no debería estar aquí, ¡por todos los gnomos del bosque!, sino cerca de esa estúpida niña que vaga locamente metiéndose en todo lo que no le importa,  que se encaprichará de mis colores , me cogerá y ¡ zas ¡ me dará un mordisco que me dejará medio lisiada…. Y eso ha de ser asi para que se imagine crecer y crecer hasta por encima del árbol del fondo  donde me tirará descuidadamente.

El conejo no la va a encontrar nunca y el cuento se irá por los cerros de Úbeda…..

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