Estoy en el trastero, todos estos juguetes los voy a llevar a Cruz Roja; están nuevos, los aprovecharán otros niños. Los míos,  adoptados cuando tenían dos y seis años, niña y niño hermanos, no tuvieron juguetes en su infancia, antes de traerlos de Hungría a Salamanca.

Cuando llegaron a España, toda la familia extensa se volcó con ropas y sobre todo juguetes.

Mis niños no juegan, en el mes de adopción que compartimos, su madre y yo, en el sur de Hungría, cerca de la casa de acogida de los niños, solo tenían una pelota y una bicicleta inservible.

Mis hijos no juegan con juguetes, perdieron su temprana infancia sin ellos. Una pelota, de agua, de baloncesto, de futbol, de tenis…Unos puzles, que me esfuerzo en hacer con ellos. Patines, bicicletas, monopatín; Una peonza que bailo yo, o un yoyo de madera con el que juega su madre; son los juguetes a los que prestan atención mis hijos ahora que han pasado a tener ocho y doce años.

Pienso en qué más se perdieron mis queridos niños, que saldrá a lo largo de su adolescencia y juventud y como psicólogo sé que los primeros años de vida son determinantes.

La pequeña juega a dar clases al abuelo y le pone nota. Hace de guionista, directora, estilista, jefa y protagonista, de las funciones de teatro que nos representa, en las que involucra a sus tías. El niño quiere ser futbolista o cantante, algo que no haya que estudiar, pues el cole le aburre.      

Llevo el coche lleno de juguetes, espero que otros niños españoles,  tengan estos juguetes que con tanto cariño les fueron comprando sus tíos, tías, vecinos, amigos y nosotros mismos. Siempre el mismo comportamiento, tenías tú que jugar con los juguetes para que los prestaran un mínimo de atención, cuando dejabas de jugar, ellos olvidaban el juguete.

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